Return

Publicado: 21 julio, 2011 en Sin categoría

Hace tiempo que sigo lo que dice la gente que vuelve de Erasmus. En su mayoría, todos dicen que se lo han pasado de puta madre, que no han hecho ni el huevo y que han estado más de fiesta que otra cosa. Lo que nadie dice es que aquí  es como al parchís: que se comen una y se cuentan veinte.

Ha sido curioso ir escuchando a estos y compararlo con mi propia experiencia Erasmus. Claro que me he divertido, pero no más ni menos de lo que ya lo hago aquí. Es cierto que la financiación de mi aventura ha sufrido todos los reveses posibles, y que el dinero se convirtió en un major thread & threat (y me disculparéis si tiendo a usar vocablos ingleses, pero ya me sale por costumbre), y esto afectó por consiguiente a todas mis oportunidades allí. Todo lo que estoy diciendo es en parte por balancear la verdad de lo que se ve allí y, claro, por desfogar mi resentimiento antes quienes sí han podido hacer todo eso y más. Mala que es la envidia.

Veo bien y veo mal que se endurezcan las condiciones para irse de Erasmus. He conocido allí a gente (españoles algunos) con un nivel terrible de inglés. No estoy ni siquiera hablando de que la gente no se tenga que divertir, pues yo puedo ser igual o peor a la hora del cachondeo. Sinceramente, me molestaba ver como había quiense tomaba esto como unas vacaciones largas, muy largas, a cuenta de los papis académicos (pagados, en el fondo, por los demás). Basicamente, hay mucho cachondeo.

Luego ya nos metemos en los temas humanos. Me encanta analizar a la gente en comportamiento y hacerme mis apuestas. Es un poco sociopático, pero prefiero apostar conmigo mismo a esto que al póker. Se me da muy mal y se pierde dinero. Y dignidad. Diremos que predestiné 4 noviazgos y gané 3. Luego te miras al espejo y dices “joder, si es que eres un crack” y te vas a la cama muy forever alone.

Que esa es otra. Me llevo diciendo mucho tiempo que puedo sobrevivir viviendo solo. Este año he sido capaz de comprobarlo y, salvo contados momentos de flojera, he conseguido llevarlo muy bien. Un año menos para la independencia. Quizás el último.

Por último, la depresión post-Erasmus. Psé. Sí, hay gente que vive situaciones difíciles en su casa y comprendo que quieran irse. Pero no todo el mundo vive un drama. Al final todo se reduce al sexo: tener la libertad para convertir tu casa en un prostíbulo o no; eso es lo que mueve tanto “aaaaaay, que me quiero ir, que mis padres no me comprenden”. En casa se está muy agustito, señoras y señores. Yo he vuelto y salvo las normales riñas que puedas tener con la gente que vives, no he tenido más. Es cierto que se echa de menos la privacidad, pero una vez más diré que no queda mucho para tener material de redacción infinito una vez consiga el pisito. Luego hay mucho desubicado de la vida, pero eso son los que menos. Y algunos ni siquiera es por el sexo.

Return. A lo que uno conoce y quiere, y a lo que uno sabe que tendrá que abandonar. Que quiere abandonar. Aunque lo quiere. Ay, si querer fuera poder…

Old habits

Publicado: 13 junio, 2011 en For your information

Hacía tiempo que me rondaba la cabeza la idea de volver a escribir un blog. Cuando dejé de escribir en el último, hace ya más de 2 años, llevaba un buen tiempo arrastrando escasez de ideas y una continuada crisis de identidad. De esas que suelen dar un par de veces a la semana cuando te vas a la cama, pero una crisis al fin y al cabo. No tenía ganas de seguir escribiendo y acabé dejándolo, más malamente que otra cosa. Por otro lado, sabía que volvería. De los casi 3 años que mantuve los dos blogs (primero el de spaces y después el de blogger) tengo enormes momentos en la memoria.

He conocido a gente genial y cada día que pasaba conectado a esas personas me hacía crecer un poquito más. Deseaba volver a casa de la facultad para mirar quien había comentado y continuar las conversaciones sobre las cotidianidades que me acaecían, las sandeces que me inventaba, las chorradas que ellas escribían y, en general, la imaginación que todos ponían para hacer esas pequeñas comunidades algo único y amigable. Cercano. Pero la red ha cambiado desde entonces y ya nadie se mueve por los mismos canales.

Todas las personas que recuerdo de aquella época y con las que aún mantengo el contacto han cambiado. Al igual que yo, han crecido, han migrado (facebook, oh, facebook) y han seguido en mayor o menor medida adictos a la vida de esos desconocidos que forman parte de la suya. A veces llegando al punto de dejar de ser desconocidos, creando una auténtica amistad desde la que virtualmente les unía previamente o haciendo desaparecer la magia tras el primer encuentro, dejando nada más que un buen recuerdo y una agridulce sensación de desengaño.

Por último, me cuesta volver a poner mis palabras a vuestra disposición. Me cuesta expresar lo que se me pasa sin parecer trasnochado y poeta de veinte duros. Me leo y aún no me reconozco. Este no es el que os hacía reír y pasar el rato. Es raro. Cuando empecé me costaba expresarme, cuando terminé el problema era el contenido. Ahora estoy oxidado en ambas categorías. No sé si tardaré en coger la forma, o si acaso la cogeré, o si alguna vez la tuve. Pero así son los viejos hábitos: nunca se pierden del todo si alguna vez han estado ahí.